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martes, 24 de mayo de 2011

El quitasol de Francisco de Goya. Pintura


La imagen muestra "El quitasol", cuyo autor fue Goya durante 1777, y por lo tanto perteneciente a la pintura pre-impresionista. Se trata de un tema popular, concretamente representa a un joven tapando el sol a una maja. Es de óleo sobre lienzo y mide 104 x 152 cm.

Se trata de uno de los tapices que creó Goya para la fábrica de tapices, siendo la cantidad abonada por el cartón bastante baja en relación con los demás. El motivo pudo ser que éste es el trabajo, de esta serie, que tiene el menor número de personajes en escena y el fondo no presenta ningún paisaje, como en otras obras, con todo lujo de detalles. Pertenece a la serie para decorar el comedor de los príncipes de Asturias en el Palacio de El Pardo y se debió pintar entre el 3 de marzo y el 12 de agosto de 1777.

En la cuenta que presentó Goya a la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, fechada el mismo día de la entrega, pedía por El quitasol mil quinientos reales de vellón e indicaba:

"representa una muchacha sentada en un ribazo, con un perrillo en el Alda, a su lado un muchacho en pie haciéndole sombra con un quitasol".

En esta obra, Goya acerca las figuras al primer plano en un grupo piramidal. El fondo carece de profundidad. La sombrilla aparece como elemento renovador. Estos elementos revelan una gran modernidad. Resulta innovador el tratamiento que le da Goya a esta pintura: se aproxima a la tradición francesa en la idea del tema con cierta picaresca y galantería. De la tradición italiana extrae la vivacidad cromática de esta paleta; con rojos, amarillos, azules y verdes que representan la alegría de vivir de la corte de los tiempos de Carlos III.


La sensación de realidad se logra con la mirada que dirige la mujer al espectador, haciéndole pensar la causa de su sonrisa. Aparte de la falta de precisión del espacio, la proximidad de las figuras, la forzada perspectiva y posición del quitasol. Las diferencias entre el cartón y el tapiz de El quitasol son notables, probablemente al ejecutar los tejedores el trabajo con ciertos cambios; en consecuencia, la espontaneidad y naturalidad del cartón han sido sustituidas por un amable pintoresquismo decorativo.

El empleo de la luz y la utilización del cromatismo también son distintos, así como el modo y manera en que la indumentaria se fija para marcar las diferencias sociales: el personaje masculino viste de majo, dentro del esquema tradicional de la época y la muchacha se viste a la francesa, en términos de nivel aristocrático. También conviene recordar que hay una interpretación que pasa el simple tema galante para entrar en el amplio mundo de la coquetería y la vanidad femeninas en contraposición al joven que acompaña, tratado en calidad de comparsa y no en concepto de pareja.

La sombrilla era un objeto de moda en la pintura de género del siglo XVIII. Estaba presente casi siempre donde se encontraba una mujer y su cortejador al aire libre, fue tan común que llegó a convertirse en una forma de identificar la galantería.

Capilla Palafox de Burgo de Osma de Juan de Villanueva. Arquitectura


En 1761 el padre franciscano Joaquín Domingo de Eleta, natural de El Burgo de Osma y confesor del rey Carlos III, resuelve realizar una capilla para venerar a Juan de Palafox y Mendoza, obispo de la Diócesis de Osma entre los años 1654 y 1659.

Situada detrás del Altar Mayor en el centro de la girola, este conjunto es un claro exponente del paso del estilo Barroco al Neoclásico. Posee una gran riqueza, no sólo por el empleo de materiales nobles, sino por la gran diversidad de manifestaciones artísticas.

La capilla es de planta central, una rotonda articulada en torno a cuatro grandes columnas corintias con pilastras intercaladas y una recapilla secundaria.

En la construcción de esta capilla intervinieron maestros de primera línea: los tracistas fueron Juan de Villanueba y Francisco Sabatini. La bóveda fue realizada por Domingo Brili y la pintura mural por Salvador Maella.

Junto al ábside del templo catedralicio se encontraban, desde el siglo XVI, las casas consistoriales de la villa de El Burgo de Osma, lo que fue causa de no pocos problemas. Cuando en la segunda mitad del siglo XVIII la catedral necesitó espacio sobre el que levantar las nuevas dependencias de sacristía, capilla de Palafox y otras salas, la problemática se agudizó. A la hora de elegir el sitio, el obispo Calderón consideró que el más idóneo era el que ocupaban las casas consistoriales, por ello se llegó a un acuerdo con la villa para que cediese a la catedral ese lugar a cambio de que ésta costeara la edificación de un nuevo ayuntamiento en otro lugar, eligiéndose el frontero al Hospital de San Agustín, con lo que se originó, al erigirse también casas particulares, una nueva plaza Mayor.

Francisco Sabatini, sabiendo las dependencias que se querían construir (girola, sacristía, capilla y salas anejas) y basándose en unas mediciones realizadas por otros arquitectos, elaboró unas trazas para la ampliación de la cabecera catedralicia en 1769. Sin embargo, quien concretó el proyecto fue Juan de Villanueva, por iniciativa de uno de los personajes que más influían en la voluntad del monarca, su confesor el burgense fr. Joaquín de Eleta.

Las obras para la construcción de la sacristía, una vez demolido el edificio que servía de ayuntamiento, comenzaron el 25 de junio de 1770 con arreglo a la traza ideada por Juan de Villanueva y bajo la dirección de Ángel Vicente Ubón. Su inauguración tuvo lugar el día 8 de septiembre de 1775.

La capilla de Palafox presenta una planta centrada en una rotonda conformada por cuatro grandes machones con dos pilastras en su frente, flanqueando los nichos donde se colocan las esculturas de las virtudes cardinales, que dejan otras cuatro aberturas con dos columnas cilíndricas exentas de extrañísimos capiteles y perfil de fuste en cada una de ellas. Las aberturas corresponden al vestíbulo, al presbiterio alargado y a los dos altares laterales de Santo Domingo y San Pedro de Alcántara. Las dos columnas del frente de la capilla, dispuestas delante de sendos machones prismáticos de planta rectangular, al que se adosan pilastras corintias, separan la rotonda del alargado presbiterio, iluminado por un transparente y con un fresco de Mariano S. Maella. En el testero está colocado el retablo que iba a servir de cobijo a la escultura de Palafox una vez beatificado y que hoy preside la estatua de la Inmaculada, de Roberto Michel.

La entrada de la capilla se remarca con una clásica portada, con arco de medio punto enmarcado por columnas jónicas que soportan el entablamento y el frontón triangular. En el interior, sobre el ingreso, se encuentran las armas del rey Carlos III, que se reservó el patronazgo del recinto, por lo que esta capilla tiene el título de Real.

viernes, 20 de mayo de 2011

La maja desnuda, Goya

La Maja desnuda es la primera figura femenina de la historia de la pintura que muestra el vello púbico, poniendo de manifiesto su originalidad. Además, no es ninguna imagen mitológica sino una mujer de carne y hueso, una imagen moderna como más tarde haría Manet en su Olimpia. Por eso, la Maja desnuda tiene tanto éxito entre los numerosos visitantes del Museo del Prado, junto a su compañera, la Maja Vestida. Sobre ella se ha escrito una ingente cantidad de líneas que no han hecho sino aumentar la incógnita de su realización. En 1800 aparece citada en el gabinete de Godoy, por lo que sería anterior a esa fecha. Los tonos verdosos y blancos empleados por Goya corresponden a los utilizados en las obras de los últimos años del siglo XVIII, como los retratos de Jovellanos o de Josefa Bayeu. Algunos especialistas adelantan su ejecución hasta la época de los Duques de Osuna y sus hijos. Pero ahí no quedan las incógnitas, ya que también desconocemos quién las encargó. Todo hace apuntar a que ambas Majas fueron encargadas por Godoy para decorar su despacho junto a la Venus del espejo de Velázquez y otra Venus de la Escuela veneciana del siglo XVI, manifestando el gusto del valido de Carlos IV por las pinturas de desnudos femeninos, así como su poder, debido a la persecución que conllevaban estas obras, pero Godoy no tenía nada que temer; era el hombre más poderoso del país. También se apunta la posibilidad legendaria de que la Maja sea la Duquesa de Alba, Doña María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, a quien Goya estaba estrechamente unido desde que enviudó ésta y se trasladaron juntos a Sanlúcar de Barrameda. Bien es cierto que su rostro no corresponde al de las Majas, pero es evidente que los rostros son estereotipados, como ya hacía en los cartones para tapiz, precisamente para que no fuera reconocida. Incluso se ha llegado a decir que es el rostro de la Duquesa visto desde abajo. El Duque de Alba exhumó los restos de su antepasada en 1945 para intentar restar veracidad a esta leyenda porque el cuerpo de la Maja sí corresponde con el de Doña Cayetana, con sus huesos pequeños, su cintura de avispa y sus grandes y separados senos. La postura provocativa de la Maja podría incluso sugerir que se trata de una prostituta de alto postín, que se ofrece al mejor postor. La mirada pícara y atrayente puede reforzar esta idea. La Inquisición mandó comparecer a Goya ante sus tribunales por haber pintado las Majas y los Caprichos, pero curiosamente el asunto fue sobreseído gracias a la intervención de un personaje poderoso, quizá el Cardenal don Luis de Borbón o, en último término, el propio Fernando VII, con quien el pintor no mantenía muy buenas relaciones, todo sea dicho. Pictóricamente, es una obra en la que destacan los tonos verdes, en contraste con los blancos y los rosas. La pincelada no es tan larga como acostumbra el artista, a excepción de los volantes de los almohadones, mientras que la figura, situada en primer plano, estaría realizada con mayor minuciosidad, en un enorme deseo de satisfacer al enigmático cliente que encargó las obras

Las tres Gracias, Canova

La estatua de Antonio Canova Las Tres Gracias es una escultura de estilo neoclásico, en mármol, de las tres cárites mitológicas, hijas de Zeus - identificadas en algunos grabados de la estatua como, de izquierda a derecha, Eufrósine, Aglaya y Thalia - que se dice que representan la belleza, el encanto y la alegría. Las Gracias presidían banquetes y reuniones principalmente para entretener y deleitar a los invitados de los Dioses.

La obra está tallada de una sola pieza de mármol blanco. Los asistentes de Canova bloquearon el mármol, dejando a Canova terminar la talla final y hacer forma a la piedra para resaltar la carne suave de las Gracias. Esto fue una marca registrada del artista, y la obra muestra una fuerte alianza al movimiento Neo-Clásica del cual Canova es el máximo exponente en el campo de la escultura. Las líneas son exquisitas, refinadas y elegantes.

Las tres diosas se muestran desnudas, acurrucadas juntas en un abrazo, sus cabezas casi tocándose en lo que muchos han calificado como una obra de 'carga erótica'. Están de pie, inclinadas hacia dentro - quizás discutiendo un problema común, o simplemente disfrutando estando juntas. Sus estilos de cabello son similares, con el cabello trenzado y sostenido en la parte superior de sus cabezas en un nudo.

El estilo es elegante y sugiere refinamiento y clase - hay una belleza delicada en ellas que es común en la escultura de Canova. Los historiadores del arte han comentado en el equilibrio pacífico que parece existir entre las cabezas de las Tres Gracias. A diferencia de las composiciones de las Tres Gracias, que derivan de la antigüedad (donde las figuras externas están colocadas hacia el espectador y la figura central se acerca a sus amigas con su espalda en el espectador) - las figuras de Canova están de lado a lado, enfrentándose.

Las tres figuras de las mujeres se convierte en una en un abrazo, unido no sólo por sus manos, sino también por la bufanda que las une. La unidad de las Gracias es uno de los temas principales de la obra. En la versión de la obra encargada por la Condesa Josefina, las Gracias están de pie en un altar de sacrificios adornado con tres coronas de flores y guirnaldas simbolizando sus vínculos frágiles y cercanos.

El trabajo de Canova desafió la concepción del barroco de belleza como algo obeso y muestra a las Gracias como núbiles, y jóvenes esbeltas. Aunque esta no es la única salida de la pieza (y de hecho el cuerpo de trabajo de Canova) hecha del Barroco.

Museo del Prado. Juan de Villanueva


El Museo Nacional del Prado, ubicado en Madrid, España, es uno de los más importantes y más visitados del mundo (el noveno en2009). Singularmente rico en cuadros de maestros europeos de los siglos XVI al XIX, su principal atractivo radica en la amplia presencia de Velázquez, Goya (el artista más extensamente representado en la colección),Tiziano, Rubens y El Bosco, de los que posee las mejores colecciones que existen a nivel mundial, a lo que hay que sumar destacados conjuntos de autores tan importantes como El Greco, Murillo, Ribera, Zurbarán, Rafael, Veronese, Tintoretto o Van Dyck, por citar sólo los más relevantes. Las crónicas limitaciones de espacio explican que el museo exhiba solamente una selección de obras de máxima calidad (unas 900 pinturas), del total de más de 7.900 que tiene en su inventario, y que por ello sea definido como «la mayor concentración de obras maestras por metro cuadrado». Gracias a la reciente ampliación de Rafael Moneo, se prevé que la selección expuesta crezca en un 50%, con unas 450 obras más.

Al igual que otros grandes museos europeos, como el Louvre de París y los Uffizi de Florencia, el Prado debe su origen a la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de varios siglos. Refleja los gustos personales de los reyes españoles y su red de alianzas y sus enemistades políticas, por lo que es una colección asimétrica, insuperable en determinados artistas y estilos, y débil en otros. Sólo desde el siglo XX se procura, con resultados desiguales, solventar las ausencias más notorias.

Las escuelas pictóricas de España, Flandes e Italia (sobre todo Venecia) ostentan el protagonismo en el Prado, seguidas por el fondo francés, más limitado si bien incluye buenos ejemplos de Nicolas Poussin y Claudio de Lorena. La pintura alemana cuenta con un repertorio discontinuo, con cuatro obras de Durero y múltiples retratos de Mengs como principales tesoros. Junto con un repertorio británico limitado, circunscrito casi al género del retrato, hay que mencionar la pintura holandesa, una sección no demasiado amplia pero que incluye a Rembrandt.

El Prado no es un museo enciclopédico al estilo del Museo del Louvre, la National Gallery de Londres, o incluso (a una escala mucho más reducida) el vecino Museo Thyssen-Bornemisza, que tienen obras de prácticamente todas las escuelas y épocas. Es una colección intensa y distinguida, formada por unos pocos reyes aficionados al Arte, donde muchas obras fueron creadas por encargo. El núcleo procedente de la Colección Real se ha ido complementando con aportaciones posteriores, que apenas han desdibujado su perfil inicial. Muchos expertos la consideran una colección «de pintores admirados por pintores», enseñanza inagotable para nuevas generaciones de artistas, desde Manet y Toulouse-Lautrec, que visitaron el museo en el siglo XIX, hasta Picasso, Matisse, Dalí, Francis Bacon y Antonio Saura, quien decía: «Este museo no es el más extenso, pero sí el más intenso».

Aunque sean aspectos menos conocidos, cuenta también con una importante sección de Artes decorativas (Tesoro del Delfín) y con una destacada colección de esculturas greco-romanas. Junto con el Museo Thyssen-Bornemisza y el Museo Reina Sofía, el Museo Nacional del Prado forma el Triángulo del Arte, meca de numerosos turistas de todo el mundo. Esta área se enriquece con otras instituciones cercanas: el Museo Arqueológico Nacional, el Museo Nacional de Artes Decorativas, la Real Academia de Bellas Artes de San Fernandoy otros pequeños museos.

El edificio diseñado por Juan de Villanueva, en su concepción original, está formado por un cuerpo central terminado en ábside, al que flanquean dos galerías alargadas que terminan en pabellones cuadrados, uno a cada extremo. Dicho esquema fue ampliamente modificado, primero para adaptar al uso de pinacoteca un edificio que había sido concebido para Gabinete de Historia Natural (luego Museo de Ciencias Naturales), y después en las sucesivas ampliaciones que se fueron realizando, y que afectaron sobre todo a la fachada que mira a la iglesia de los Jerónimos.

El cuerpo central destaca en planta y en alzado por un gran pórtico compuesto por seis columnas de orden toscano, un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. Esta fachada es el acceso principal, orientado hacia el Paseo del Prado, y presenta la originalidad de no disponer sobre la columnata del característico frontón triangular, sino de uno con forma rectangular, adornado por un friso escultórico obra de Ramón Barba, representando una alegoría del rey Fernando VII como protector de las ciencias, las artes y la técnica. En su cara posterior, esta sección central termina en forma semicircular o absidial, de tal modo que su plano adopta forma basilical. Originariamente, dicha estancia abarcaba las dos plantas de altura, y a finales del XIX se dividió en dos pisos. El inferior era la sala de juntas, hasta su reciente conversión en recibidor. La planta superior es la actual sala 12, presidida por Las Meninas.

Las dos galerías laterales tienen dos plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas (en la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior).

La fachada norte presenta un pórtico con dos columnas jónicas y sobre ellas un entablamento liso. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó el edificio, la primera planta quedaba, por ese lado, bajo el nivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se desmontó este desnivel hasta ponerlo a la misma altura que el suelo real del monumento. Hubo que construir una escalinata para su acceso (1882).

La fachada sur (que da a la plaza de Murillo, frente al Jardín Botánico) está formada por un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia o galería con seis columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento.

El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. El vestíbulo de la entrada norte está formado por una rotonda con ocho columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.

jueves, 19 de mayo de 2011

El museo del Prado





En el año 1785, el arquitecto Juan de Villanueva comenzó a diseñar los nuevos planos para la construcción de un museo de Ciencias Naturales en Madrid. El edificio en cuestión quedaría después como sede de una pinacoteca guardando una gran tesoro artístico y se llamaría Museo del Prado. Inaugurado el 19 de noviembre de 1819 siendo uno de los museos públicos de arte más antiguos del mundo.

Juan de Villanueva consiguió llegar a la culminación de su carrera arquitectónica con la construcción de este edificio que fue el primero que hizo verdaderamente importante y de envergadura. Se trataba de una obra ubicada en el amplio trazado que se estaba llevando a cabo en el salón del Prado que tenía ya extensos jardines y variadas estatuas.

La elaboración de sus planos tuvo un proceso de gestación bastante largo hasta que por fin desembocó en la planta definitiva que hoy conocemos. Las obras de construcción fueron también de muchos años de duración, a lo largo de todo el reinado de Carlos IV. Con la llegada de los franceses a España y la Guerra de la Independencia se interrumpieron. El edificio fue entonces utilizado para fines estratégicos y fue despojado de todo el emplomado que tenía. En ese momento empezó su deterioro que aumentó con los años, hasta que en el reinado de Fernando VII, su esposa Isabel de Braganza quiso recuperarlo para que no llegase a una ruina total. Ella fue la gran impulsora de este proyecto de recuperación y a ella se debe el éxito final, aunque no vivió para saborearlo pues murió un año antes de la inauguración. Tanto Fernando VII como Isabel de Braganza contribuyeron con sumas cuantiosas de dinero de su propiedad. Se llevaron allí muchas obras de pintura y escultura del palacio Real y de otros sitios reales.

El 19 de noviembre de 1819 se inauguró el museo. En memoria de la reina muerta el año anterior, se dio su nombre al salón ovalado que en aquel entonces tenía un balconaje desde el cual se podía observar la galería de escultura de la planta baja. En este comienzo el museo contaba con 3 salas y 311 cuadros. En años sucesivos fueron aumentando las obras de arte y se fueron abriendo más salas. El cuerpo central sobresale con una construcción que tiene 6 columnas de orden toscano (también llamado dórico romano), un entablamento, una cornisa y un ático que lo remata. Las 2 alas laterales tienen 2 plantas en altura. La inferior con unos ventanales profundos y alargados que acaban en un arco de medio punto y la superior con una galería de columnas jónicas. (En la actualidad hay un tercer piso retranqueado, obra posterior). La fachada norte, tiene un pórtico con columnas jónicas y sobre ellas un entablamento. Esta fachada corresponde a la segunda planta del edificio. Cuando se construyó, la primera planta quedaba, por este lado, metida en el desnivel del terreno, que por aquella época bajaba en una pequeña cuesta hasta el paseo del Prado, hasta que más tarde se allanó el terreno hasta ponerlo a nivel con el suelo real del monumento, por lo que tuvieron que construir una escalinata para su acceso. La fachada sur tiene un vano adintelado, de acceso al interior, y una logia que la componen 6 columnas de orden corintio sobre las que se apoya un entablamento. Es la que está frente al Jardín Botánico.El interior del edificio es abovedado en sus salas centrales. En la parte norte hay una rotonda con 8 columnas jónicas cuya bóveda tiene decoración de casetones.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Eros y Psique






Esta escultura llamada "Eros y Psique" fue realizada por Antonio Cánovas.El artista realizó la obra por encargo del coronel inglés John Campbell (Lord Lawdor), el modelo fue comenzado en 1787, no terminándose la obra hasta 1793; en 1800 fue adquirida por el marchante y coleccionista holandés Henry Hoppe; acabando finalmente en manos de Joaquín Murat, mariscal de Napoleón, quien la hizo transportar hasta su castillo, donde parece que fue admirada por el propio Napoleón, hecho que influirá posteriormente en la vida del artista.



En esta obra Canova fue capaz de crear una composición verdaderamente expresiva del tema mitológico amoroso de Amor y Psique, representando el modelo culminante de la leyenda, para cuya representación sabemos, por el propio artista, se basó en la obra de Apuleyo El Asno de Oro, de esta forma el escultor una vez más se inspira en los temas y las tradiciones artísticas clásicas grecorromanas en busca de la perfección de formas, el gusto por el desnudo y la delicadeza de las superficies.



Según el propio Canova, esta obra representa el momento en que Eros, dios del Amor, acude a despertar a Psique (Personificación del Alma), del eterno sueño en el que había quedado sumida tras la inhalación de los vapores de una poción encerrada en un jarrón que le había entregado Proserpina, diosa del Infierno. Al abrir el cántaro, una nube la envolvió y cayó profundamente dormida, no despertando hasta ser besada por su enamorado.



Mediante esta representación efectista de la pasión, el amor y el deseo existente entre los amantes Canova hace apología del amor a la vez que hace referencia al alma inmortal del mito platónico.



El artista representa a Psique recostada sobre su cadera derecha, la joven se vuelve hacia atrás hacia su amado, el dios Eros, que se aproxima para besarla y rodea su cuerpo con un brazo mientras que con el otro sostiene su cabeza a la vez que ella rodea el cuello de él con sus manos. Ambos amantes se encuentran en el momento justo y tenso que precede al beso.



Al apreciar la obra podemos vislumbrar una percepción que podemos calificar de extraordinaria, pues los cuerpos están tratados de tal forma que componen un grupo de dos diagonales que a su vez forman una “X” definida ésta por las alas de Eros, su pierna derecha y el cuerpo de psique, encontrándose el centro de la composición en el breve espacio que separa las dos bocas que están a punto de unirse en un apasionado beso. La tensión contenida en la obra surge en los pies de ambas imágenes y se prolonga hacia el centro de la composición, donde ambas cabezas quedan enmarcadas por los brazos de la joven.



El gusto por lo clásico queda evidenciado en esta obra por la forma que adquieren los pliegues de las telas, que evocan el mismo tratamiento que las esculturas clásicas.



La maestría de Canova en el tratamiento del mármol le permite representar el calor de los cuerpos, la vitalidad y el sentimiento, algo casi imposible de conseguir de un material en apariencia frío y alejado de la naturaleza viva, consigue dotar de piel a sus esculturas.

Los Caprichos

En 1799 se publicó la primera serie de grabados al aguafuerte de Francisco de Goya. Se trataba de una colección de 80 estampas de “asuntos caprichosos”, que el pintor había ido haciendo a lo largo de esa década. A través de esta colección Goya expresó lo que pensaba y sentía como hombre ilustrado sobre la sociedad española de finales del siglo XVIII. Lo hace, en ocasiones, a través de dibujos realistas y, la mayor parte de las veces, por medio de imágenes fantasiosas más o menos delirantes:
-En unos censuraba errores y vicios universales como la ociosidad, el fanatismo religioso, la vanidad o la hipocresía…
-En otros satirizaba sobre tópicos del momento, como la defectuosa educación de los niños, las leyes injustas, los matrimonios desiguales, el comportamiento de los frailes o los prejuicios que resultaban de la ignorancia y de la superstición.